Mostrando entradas con la etiqueta Reforma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reforma. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de febrero de 2021

Traición a la patria de los abogados: ¿exageración o realidad?

Por Venus Rey Jr



1. El gremio de los abogados –gremio al que también pertenezco– manifestó preocupación por lo que dijo el presidente Obrador en la conferencia matutina del lunes 22 de febrero. En relación a la reforma eléctrica que envió al Congreso, dijo: “Una vergüenza que abogados mexicanos estén de empleados de empresas extranjeras que quieren seguir saqueando a México; claro que son libres, pero ojalá vayan internalizando que eso es traición a la patria.”

2. Para los seguidores del presidente y simpatizantes duros de Morena, las palabras de AMLO son cómo música para los oídos. Revive el discurso decimonono de conservadores vs liberales, siendo los primeros malos-malos-malos, y los segundos buenos-buenos-buenos. Los conservadores son los traidores de la patria; los liberales son sus defensores.

3. A principios de 2014, López Obrador presentó una denuncia contra el entonces presidente Peña Nieto, acusándolo de traición a la patria, pues según el político tabasqueño, la reforma energética se negoció en Londres y en Washington para que las grandes empresas del sector se apoderaran de la riqueza de México, lo cual, a su juicio, constituía el referido delito. La denuncia no prosperó, ni en tiempos de Peña ni ahora con la Fiscalía bajo el mando de Gertz Manero. Probar que una reforma constitucional fue ordenada por británicos y estadounidenses en Londres y Washington es virtualmente imposible. Pero como discurso es muy bueno y sigue dando frutos.

4. Si uno analiza el tipo penal de “Traición a la patria”, se aprecia que se trata de un delito complejo y multimodal, que en muchas de sus hipótesis presupone un estado de conflagración. Analizando las diversas fracciones del artículo 123 del Código Penal, no veo factible que se configure el delito si un abogado mexicano representa a una empresa extranjera del sector energético en un litigio.

5. El delito se castiga hasta con cuarenta años de prisión. Así que, si de verdad López Obrador cree que los abogados que trabajan o representan a las compañías extranjeras que operan en México en el sector eléctrico, y en general en el sector de energía, cometen el delito de traición, la Fiscalía General de la República va a tener mucho trabajo preparando expedientes para incriminar a un sinnúmero de abogados y despachos. ¿Por qué? Porque la reforma eléctrica que va a aprobar el Congreso provocará una lluvia de amparos. Los más contentos con la reforma eléctrica van a ser las grandes firmas legales. Van a “hacer su agosto”. Y van a “hacer su agosto” no porque sean malos y pérfidos y se coludan con los extranjeros para hundir a México, sino porque la reforma eléctrica es anticonstitucional y además atenta contra el TEMEC –en otro momento hablaré de eso–.

6. López Obrador es muy hábil. Lo que dijo podrá parecer a muchos de sus despistados opositores una ocurrencia “al calor de la mañanera”, pero no. Obrador habla a sus seguidores y los exalta. Si los abogados que trabajan y representan a extranjeros en litigios contra México cometen traición a la patria, ¿qué podríamos decir de los jueces que van a resolver esa lluvia de amparos que está por caer una vez que la reforma eléctrica agote el proceso legislativo?

7. Si la reforma eléctrica es inconstitucional, no sólo los particulares afectados promoverán amparos, también los grupos minoritarios del congreso podrán plantear una acción de inconstitucionalidad. Si los jueces empiezan a resolver amparos en favor de las empresas extranjeras, como es previsible, López Obrador podrá decir que sí, que es verdad que intereses oscuros corrompen a la judicatura y que hay que purgarla, y sus seguidores van a estar encantados con ese discurso. Y si se planteara una acción de inconstitucionalidad, entonces la Corte se vería entre la espada y la pared, pues un fallo que declare inconstitucional la reforma eléctrica del presidente los haría ver, ante los ojos de los lopezobradoristas, como traidores. Recordemos lo que dijo el muy apreciado –muy apreciado por la cúpula de Morena, quiero decir– Félix Salgado Macedonio hace unos meses: “estaremos aquí planteando [en el senado] la desaparición de la Corte.”

8. Y eso no es todo. Como la reforma eléctrica privilegia a la CFE, que tendrá preferencia (por no decir monopolio) en todo lo que tenga que ver con electricidad, se estará violando el TEMEC y nuestro país podrá ser demandado en instancias internacionales. Si el Estado mexicano pierde los litigios, Obrador podrá decir que tenía razón, que desde Washington y Londres se ordenó la reforma para México y que no queda más remedio que cerrar filas y asumir un estoicismo patriótico contra la conspiración internacional.

9. Toda persona, física o moral, nacional o extranjera, tiene derecho a representación legal. Es un derecho constitucional. Decir que los abogados mexicanos que representan a las empresas extranjeras cometen traición a la patria es tanto como decir que las personas morales extranjeras no tienen derecho de ser representadas legalmente ni tienen el derecho de defenderse en los tribunales, lo cual es absurdo. Si la reforma eléctrica es vencida en amparos, en acciones de inconstitucionalidad y en litigios internacionales, podremos decir que la lealtad de los congresistas de Morena no fue con la Constitución al aprobarla, sino con el presidente.

10. Así como los congresos dominados por el PRI aprobaron tantas cosas nocivas para México sólo porque el presidente en turno lo ordenaba, destruyendo una y otra vez al país, así los legisladores de Morena, que aprueban lo que viene del presidente sin modificar una coma, sin analizar, sin ejercer la libertad y la responsabilidad, podrían dañar al país si no tienen cuidado en lo que legislan. La lealtad de los congresos priístas del 1934 al 2000 era con México y con la Constitución, no con el Imperator o Calígula en turno. Lo mismo debe decirse de la lealtad del actual Congreso de la Unión: es con la Constitución y con el Estado Mexicano, no con el presidente. Yo no tengo ninguna cortedad para afirmar que el régimen priísta traicionó una y otra vez al pueblo de México. Y lo mismo los llamados gobiernos neoliberales. No vaya a ser que suceda lo mismo con la cuarta transformación, porque el Congreso está bailando al son que les marca el presidente.

11. Y hablando del ejercicio de la profesión, la única lealtad que debe tener un abogado es con la ley, con el Estado de Derecho, con la Constitución y con la Justicia, aunque esto parezca una carta a Santa Claus y sólo lo crean las abuelitas de los abogados.

12. El presidente se ha distinguido por hacer afirmaciones duras que encienden ánimos. Ya estamos en el tercer año de gobierno. La verdad es que la reacción del gremio de los abogados fue también estridente, como si ya los estuvieran llevando al Cerro de las Campanas, patíbulo de conservadores. El presidente dice muchas cosas, y lo hace porque le funciona de maravilla: mientras más radicales son sus dichos, más contenta está su gente. Como dice una canción de Bob Dylan: “The more, the merrier”. Ya debería ser la hora en que no se espantaran tanto sus opositores. Seguirá diciendo todos los días cosas como eso de la traición a la patria. Pero, en mi limitada opinión, es más estridencia que peligro.

13. Y ya para terminar, dos cuentos. En uno de ellos, la princesa Amanecer y su amigo Terri llegan a una ciudad donde todos los habitantes están en silencio para no despertar al temible Ronquidón, pues temen que si se despierta, los destruirá. La vida de estos seres es miserable y viven siempre con miedo. Llega el día tan temido por ellos: Cascarrabias y su torpe dragón hacen tal ruido persiguiendo a la princesa y su amigo, que despiertan a Ronquidón. ¡Dies Irae! Pero no. Ronquidón es un ser inofensivo y diminuto cuyos pequeños ronquidos eran amplificados por el eco de un campanario, y eso hacía pensar a los habitantes que se trataba del ronquido de un terrible monstruo. Así que despertó Ronquidón y… No pasó nada. El segundo cuento es terrible, porque de hecho sucedía. Los aztecas pensaban que si no hacían sacrificios humanos todos los días, el sol ya no saldría al día siguiente y el mundo acabaría. Hubo un día en que no hubo el tal sacrificio. No pasó absolutamente nada.

El despertar de Ronquidón

Mi artículo fue publicado el día de hoy en la plataforma del periodista Julio Hernández “Astillero”. Puedes verlo en este link: https://julioastillero.com/traicion-a-la-patria-de-los-abogados-exageracion-o-realidad-autor-venus-rey-jr/

miércoles, 19 de septiembre de 2018

¿Ya inició la Cuarta Transformación?

Por Venus Rey Jr

Publicado originalmente en la revista Ruiz Healy Times, septiembre de 2018, página 19. Descarga el PDF de la revista aquí.

Primera Transformación: Independencia. Segunda Transformación: Reforma.
Tercera Transformación: Revolución. Cuarta Transformación: AMLO.


El día sábado primero de septiembre de 2018 dio inicio la llamada Cuarta Transformación. Ese día se inauguró en San Lázaro el primer periodo ordinario de la LXIV Legislatura. Aquel día, Andrés Manuel López Obrador empezó a gobernar.

Desde antes que iniciaran las campañas, el fundador de Morena llevó la batuta y fijó la agenda. Siempre estuvo varios pasos adelante de sus competidores. Cuando ellos apenas iban, Andrés Manuel ya venía de regreso. La desesperación de los contrincantes se fue haciendo cada vez más notoria conforme se acercaba el 1 de julio. Las cosas llegaron a un punto en el cual, pasara lo que pasara, la gente votaría por el tabasqueño, así lo vieran, parafraseando a Trump, disparando contra alguien, no en la quinta avenida de Nueva York, pero ponga usted en la avenida Juárez, Madero o en el Eje Central Lázaro Cárdenas (ya ve usted que Juárez, Madero y Cárdenas son sus paradigmas). Ese fue el grado de convicción que alcanzaron sus votantes. Y mientras, del otro lado, muchos vacilaban y no sabían si votar por el del PRI o por el del PAN, porque, hay que decirlo, el PRI se dedicó a atacar a Anaya desde el principio, e hizo creer al sector más crédulo del electorado que estaban en segundo lugar en las preferencias y a tiro de piedra de Andrés Manuel. Mentiras deliberadas que pagaron con la más estrepitosa y humillante derrota de su historia.

La Cuarta Transformación que planteó AMLO fue un éxito desde el primer momento. Ese nombre, que podría parecernos chocante y presuntuoso –lo es–, sintetiza con exactitud el enorme desprecio que millones de mexicanos sienten hacia la corrupción y el PRIvilegio. Andrés Manuel encontró la fórmula idónea para que el electorado se convenciera de que PRI y corrupción eran sinónimos. Tan la encontró, que el candidato del PRI también adoptó un discurso anti-corrupción, que nadie le creyó, por cierto. Todo México, incluidos los cuatro candidatos, alzaron la voz y se manifestaron en contra de la corrupción. Andrés Manuel logró posicionarse como el único candidato que no era corrupto, y en tal virtud, como el único candidato que podría acabar con este mal, al modo que se barren las escaleras: “de arriba para abajo”. Si un presidente pretende erradicar la corrupción, él mismo debe ser honesto (honesto-honesto, honesto-honesto, como dijo El Bronco en un debate) y estar limpio de todo mal. Y si bien sobre la figura del presidente electo pesan sospechas de corrupción durante la construcción del segundo piso del periférico, lo cierto es que nunca se le ha comprobado nada, a pesar de que el PRI, haciendo uso de todo el aparato gubernamental, lo habrá investigado hasta el tuétano. Pero nunca nadie le ha podido comprobar un mínimo acto de corrupción.

La Cuarta Transformación es, en primera instancia, un movimiento nacional de repudio a la corrupción y a los privilegios de los altos funcionarios. AMLO, que es un hombre culto, leído y conocedor de nuestra historia (ha escrito una veintena de libros de los cuales sus detractores acusan ghost writing, pero ni siquiera eso han podido comprobar), sabe de la importancia de los símbolos. Mientras los otros dos candidatos mostraban avidez por llegar a Los Pinos e instalarse ahí con sus familias, AMLO propuso cerrar esa residencia oficial, pues es símbolo del presidencialismo neoporfirista-neoliberal, un presidencialismo aberrante que únicamente ha gobernado para que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. La propuesta del tabasqueño fue que Los Pinos se convirtiera en un espacio público para la cultura y el esparcimiento. Y claro, todo mundo recibió la propuesta con gran entusiasmo. ¿Por qué? Por el gran golpe y sacudida que significaba para los gobiernos panistas y priístas, que asentaron sus reales en Los Pinos con indolencia y vanagloria. Lo mismo puede decirse del avión presidencial.

Pero la simbología no acaba en Los Pinos, sino se extiende a las figuras de los expresidentes, en este caso, los villanos de esa película de horror llamada Historia Mexicana. La propuesta de acabar con las pensiones de los exmandatarios fue rechazada por la clase política en funciones, y muchos analistas se refirieron a ella como una propuesta populista que en nada contribuiría a solucionar nuestros problemas. Quitar las pensiones a los expresidentes, decían, no va a acabar con la pobreza ni con la corrupción. Pero ese no era el punto y nunca lo fue. Cualquier persona medianamente pensante sabe que dejar a Echeverría, Sasha Montenegro, Paloma Cordero, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña sin pensión de nada sirve para que millones de mexicanos puedan superar la pobreza en la que están inmersos desde hace varias generaciones (incluso generaciones que existían desde antes de la Revolución Mexicana). Eso lo sabe usted, lo sé yo y lo sabe Andrés Manuel. De lo que se trata es de castigar a los villanos de la película, de dejarlos sin dinero y sin privilegios, porque ellos son los que más daño han hecho al país, y encima de ese daño, resulta inmoral tener que pagarles para que puedan vivir como jeques saudíes. Por eso la propuesta fue y es aclamada por millones de mexicanos. Golpear a los expresidentes de este modo es hacer énfasis en que gobernaron no para los mexicanos, sino para la mafia del poder (not for the many, but for the few, parafraseando en sentido inverso a Jeremy Corbyn). Esta propuesta ha sido música para los oídos del electorado. Meade y Anaya no supieron adaptarse a las condiciones que imponía AMLO, y en la naturaleza como en la política, el que no se adapta se extingue. Mientras México vitoreaba la propuesta de Andrés, Meade afirmaba que no quitaría estas pensiones.

La idea de una Cuarta Transformación es genial. El PRI, y en menor medida el PAN, proponían continuidad. El pobre de Meade cavó su tumba política desde que en una comparecencia ante el Senado, en octubre de 2017, y todavía como secretario de Hacienda, confesó que en 2012 él había votado por Enrique Peña Nieto. Y claro, los senadores priístas, que eran los más (ahora son los menos) le aplaudieron como focas de acuario. Poco después Meade se convirtió en el candidato del PRI y, por más que intentó, fue incapaz de deslindarse del desprestigio de la marca. Créame: la marca “PRI” está tan desprestigiada que hace unos días el propio Peña Nieto –o sea, el máximo líder priísta– sugirió que se cambiara el nombre al partido, porque así no iba a funcionar. Meade basó su campaña en ensalzar la gestión de Peña Nieto y en ofrecer continuidad. Y no es que estuviera loco. No. La verdad es que el gobierno de Peña Nieto ha sido satanizado, pero si lo evaluamos con cabeza fría y con datos y números en la mesa, nos daremos cuenta, por difícil y paradójico que sea reconocerlo, que el balance general es positivo; pero esa es otra historia. Donde sí falló Peña fue en el tema de la violencia. 2017 fue el año más violento de nuestra historia, desde que se hacen mediciones con métodos científicos; mucho más que cualquier año de Calderón, a quien se atribuye el origen de este mal. Pues bien, 2018 lo está superando con creces. 2018 será el año más sangriento de nuestra historia. Pero, volviendo al punto, la Cuarta Transformación anunciaba una nueva era, una ruptura con el esquema político que tanta animadversión y hartazgo cosechó entre los mexicanos. Y AMLO se presentó como el único hombre que podría lograr tal cambio. Millones le creyeron.

La Cuarta Transformación se alza como un movimiento de la máxima envergadura: tan importante como la Independencia, la Reforma y la Revolución. De ese tamaño es la propuesta de AMLO, una propuesta histórica –y de ese tamaño es la imagen que Andrés Manuel tiene de sí mismo–; histórica en el sentido profundo del devenir, no de la mera efeméride. La intención de López Obrador al crear Morena fue la de hacer historia. Mientras la sensación que uno tenía al ver a los otros dos contendientes era la de pensar que si ganaba uno y otro, era porque ahora les “tocaba a ellos”, es decir, les “tocaba” estar en el poder y hacer negocios y beneficiarse por seis años; la sensación que provocaba AMLO era de que, finalmente, juntos haríamos historia. En otras palabras: sabíamos que los otros contendientes y sus allegados iban por el privilegio y por el varo (o baro, si usted prefiere, o sea: la feria); pero Andrés Manuel y Morena iban por la historia. Los detractores del tabasqueño minimizaban y ridiculizaban que él se las diera de intelectual con tanto libro publicado, y que se la diera de mesías. Queda claro que la compresión de AMLO de la historia mexicana es por mucho superior a la de sus adversarios, quienes decían: «qué intelectual va a ser, si es un bruto que no sabe ni hablar, ya no digamos inglés, sino español, y que se tardó casi tres lustros en acabar una licenciatura que dura cuatro años». La cultura no la da un título universitario, ni siquiera uno de Harvard o del MIT. Tampoco la da hablar inglés. La cultura se obtiene mediante toda una vida de lectura y reflexión profunda. No estoy diciendo que AMLO la tenga como si fuera Bertrand Russel o Theodor Mommsen –sí diría que es un hombre culto–, pero el uso magistral que hizo en su campaña al colocar a la historia como algo fundamental, no tiene parangón en nuestro pasado reciente. ¿Recuerda usted cómo se llamaban las otras dos coaliciones? Yo no. Pero “Juntos haremos historia” es un mote que nunca olvidaremos.


La Cuarta Transformación, y todo lo que ella implica, es necesaria y urgente. No porque la proponga AMLO, quien tuvo, en efecto, el acierto de proponerla y de hacerla el motor de su campaña. Todos –hasta Meade, que, como siempre he dicho, es un hombre honesto y un funcionario muy capaz– estuvimos convencidos de que el país no podía seguir en el camino que llevaba, que la corrupción, el privilegio, la pobreza, la desigualdad y la violencia tenían que llegar a su fin. Sólo una persona mezquina estaría en contra de un proyecto así. Yo no sé si AMLO sea capaz de lograrlo. Es una tarea que se antoja sumamente difícil, casi imposible. Lo que sí sé es que él fue el único candidato que supo entender el momento histórico que México vivía. También sé que el sábado 1 de septiembre AMLO inició su gobierno. ¿Será su gestión la mejor y más grandiosa de toda nuestra historia? No lo sé, ojalá que sí. Al menos esa es su pretensión, y eso, de suyo, es un cambio radical en la forma de hacer y concebir la política en nuestra accidentada patria: él no va por el “varo”, el poder o la vanagloria (quizá sus allegados sí; seguramente muchos de ellos sí): Andrés Manuel va por la historia. Ojalá que así sea.

El ilegal decreto de López Obrador

El ilegal decreto de López Obrador Por Venus Rey Jr. 1. El decreto que emitió hace unos días el presidente López Obrador para “blindar” sus ...